Se respiraba tensión y nervios en la afición y en el equipo momentos previos al partido frente al Bollullos.
La tarde, más calurosa de lo normal para esta época del año, se posicionaba perfecta para vivir una contienda compleja frente a uno de los equipos más regulares de la categoría en esta temporada.
Los soldados a las órdenes del general Antonio Calle no venían a aguantar el resultado, ni a claudicar, ni por supuesto ponérselo fácil al batallón celeste. Pero una genialidad de Ale Benítez en el 23 puso una asistencia a Canty, al alcance de muy pocos, para poner el 1 a 0 en el marcador y batir a Centurión.
La muralla defensiva de los onubenses convirtió el escenario en un partido poco estético donde las intervenciones de Guille Centurión, el guardameta del Bollullos fue lo más destacado de los onubenses durante los 97 minutos de partido.
La guerra era igualada, las estrategias de ambos equipos no conseguían abrir puntos débiles, ni dejaban buscar alternativas para seguir ampliando el marcador para los de Cobos. Al filo de la primera parte, un golpe que podía haber sido definitivo, se frustró. El capitán celeste, Nacho Fernández, lanzaba un penalti que paraba el guardameta onubense y que podía haber sido el 2 a 0 para los lucentinos.
La segunda parte iba a ser de sangre, sudor y lágrimas, de guerra, de estrategia, de hombre contra hombre, de entrega. Ya no había nervios, ya se había olvidado la presión, el ejército aracelitano seguía martilleando, golpe a golpe, choque a choque, al ataque constante, sin remisión. Otro penalti para el Ciudad y otro fallo de Nacho Fernández que mandaba la pelota por encima del larguero. El 10 iba a ser relevado con la ovación de todo el estadio y el reconocimiento a su trabajo incansable, esos dos fallos no iban a privarlo del calor de su afición.
El Bollullos sacaba la bandera blanca, no había tiempo para más, su hora había llegado y el resultado, aunque mínimo, le servía al ejército del comandante Cobos para sumar otros tres puntos y poner toda la presión en campos nazarenos.
Aún no es la hora, hay que esperar, hay que seguir soñando con lo que puede venir, es el tiempo de los pacientes.
Eduardo Luna


