De la catástrofe al renacimiento
Cuando se comenzó a pintar el cuadro, ninguno de los pintores tenía los trazos claros, cogieron el negro y comenzaron con las siluetas para posteriormente crear sombras que hacían presagiar tormentas. Domingo de fiesta en el estadio Ciudad de Lucena, los lienzos limpios y saneados, impolutos, se colocaban sobre el terreno de juego, José Carlos Prieto y Antonio Jesús Cobos, ya habían elegido las brochas, equipos de gala para afrontar la sexta jornada, los extremeños querían resarcirse de la derrota en Estepona, los lucentinos querían trazar el más bello paisaje para que su afición se fuera encantada a casa en vísperas del día de la Hispanidad. Cada uno quería lo suyo y cada uno luchó por lo suyo.
El inicio del encuentro fue de tú a tú, de poder a poder, se tanteaban, se provocaban, se adelantaban a las jugadas, hasta que, en una falta desafortunada a favor del Don Benito, provocó una jugada insólita donde Vargas remató en propia puerta a placer para poner en el minuto 14 el 0 a 1 en el marcador. El Don Benito comenzaba a pintar su jarrón, su bodegón, sus frutas y tras un contraataque de SantaMaría, Antonio Pavón pone el 0 a 2 para los de Prieto y las nubes negras comienzan a aparecer por la sierra de Aras.
El fantasma de Tenerife volvía a rondar las cabezas de los aficionados, el equipo se lamentaba, pero había algo en el ambiente que no era habitual, quedaba mucho partido y 90 minutos en el estadio celeste son muchos minutos con las murallas en pie. Los de Cobos cogieron la manija del partido, aquí no se rinde nadie, aquí no baja los brazos nadie, los capitanes Nacho Fernández y Alberto García, dijeron, señores no nos vamos a caer.
A partir de ahí, sólo existió un equipo en el campo, el Ciudad de Lucena. Catorce minutos de locura, de jugadas coordinadas, de fútbol de nivel, todo confluyó y en el 29 Alberto García recorta distancias con 1-2 arengando a toda la afición. Pero no acaba esto aquí, la pintura había que seguir trabajando sobre ella, no se había conseguido nada y en el 33 Manu Molina, como siempre, con garra y valentía futbolística, pone en el empate en el marcador 2-2. La afición respiraba, el técnico lucentino respiraba, los jugadores respiraban y porque no decirlo los medios de comunicación lucentinos, respirábamos. El 8 no había acabado su trabajo, García no se resignaba, él, Nacho e Isra Cano estaban dando un auténtico recital digno de ser recordado mucho tiempo y en el 41 de cabeza, consigue la remontada 3-2. La afición estallaba de júbilo, todo era celeste, todo era azul, el cuadro pasaba de ser negro y con sombras a ser azul cielo.
El Ciudad de Lucena quería más, aquello no podía quedar así. El técnico del Don Benito hizo sus cambios para cambiar la dinámica, pero cuando un equipo como el Ciudad de Lucena está a ese nivel, es muy difícil quitarle el balón. En el inicio de la segunda parte y en una jugada de tiralíneas, Vargas marca un golazo y bate a César, guardameta del Don Benito 4-2. Cambios, movimientos, banquillos, el quinto estaba más cerca que el tercero, el dominio era insoportable para el Don Benito que veía como la contundencia de los lucentinos arrasaba con todos sus planes.
Partidazo de altura en el estadio lucentino. Terceros en la tabla con 11 puntos y con la vista puesta en dos salidas muy importantes, Xerez y Estepona, con la copa del Rey en el horizonte más cercano.
Hoy el lienzo del Ciudad de Lucena ha sido bello, estético, estilísticamente positivo. El pincel y la pizarra de Cobos, junto a una mentalidad ganadora de los jugadores, han significado en este domingo, un antes y un después del Ciudad de Lucena en este inicio de temporada. Toca Jerez, toca reto, tócala otra vez, Nacho, rómpela, Alberto, haz tu magia Isra, a por todas, Lucena.
Eduardo Luna



