Con las primeras horas de la mañana llegaba la expedición lucentina a la ciudad deportiva José Ramón Cisneros de Sevilla.
Mucho silencio, poca actividad en el feudo sevillista y un sol que quiso acompañar con su suave reflejo los instantes previos al inicio del partido.
Junto al equipo, se desplazaron cerca de 200 personas para vestir de celeste y negro las gradas del campo sevillano que por momentos parecía el municipal de Lucena. Las naves arriaban en el puerto hispalense, con el único fin de conquistar otro territorio y hacerse con el motín de oro y alhajas por el que todos se batían el cobre.
Había que asaltar la flota sevillista y sin hacerse mucho esperar, el once de gala del Ciudad de Lucena, con el timonel Nacho Fernández al frente de la jerarquía lucentina, impuso su criterio y su juego desde el minuto 1. El primer golpe certero llegó en el 16 con un gol del artillero, Ale Benítez, que rompió líneas y sin esperarlo y sin pensarlo dio el primer cañonazo al barco de Arteaga.
Otro de los artilleros indiscutibles e indestructibles de la zaga lucentina, Joseliyo, volvió a ser determinante en el partido, creo, jugó, hizo jugar, fallo un penalti, pero lo dio todo a pesar de las continuas afrentas del enemigo que volvió a provocar otro penalti que Nacho implacable supo bombardear con un nuevo cañonazo al Sevilla poniendo el 0-2 en el 32 de penalti.
La armada sevillista hacía aguas por todas partes, los ánimos de la tripulación sevillana veían como la estrategia de Cobos estaba funcionando de principio a fin. Jesús Martín y Joseliyo querían el balón y en una jugada de potencia, ataque, ambición de ambos, pusieron la asistencia definitiva para que el timón del equipo, el visionario, el estratega, Nacho Fernández, pusiera la puntilla y fueran al abordaje con el 0-3.
El barco de Arteaga prácticamente hundido se resistía a sucumbir y supo aguantar, pelear e intentar por lo menos igualar fuerzas, sin conseguirlo. El abordaje se produjo, las naves lucentinas intactas, el barco sevillista hundiéndose por popa y la bandera de Lucena ondeando en el mástil.
Resultado redondo, alegría máxima y un paso cerca del ansiado objetivo.
Eduardo Luna



