Morir antes que rendirse, morir antes de ser esclavos. Ese fue el ejemplo que dieron los numantinos frente al acoso de las tropas romanas en el 133 a.C. aproximadamente. Este símil histórico es lo más aproximado a lo vivido ayer en el estadio municipal de Chapín, en la imponente ciudad de Jerez de la Frontera. El Ciudad de Lucena viajaba a Jerez con la atención puesta en un duelo de titanes. Chapín y sus 8000 mil hombres y mujeres se convertían en tropas que insuflaban el aliento necesario para apoyar a su equipo y salir de la zona en la que se encontraban. Abel Segovia planteaba un partido de ataques y contraataques, de control absoluto del balón y de ir a herir al rival en el campo de batalla. Los jerezanos hicieron un auténtico alarde de calidad futbolística, Mario Peregrina, Charcanegui, Galán, Jaime Fernández y Chuma dieron un recital a la luz de la luna gaditana. Atacaban y atacaban y volvían a atacar sin descanso, pero enfrente estaba el general con sus 11 hombres. Allí estaba Cobos con sus defensas apostadas, el Ciudad de Lucena, resistía, luchaba, peleaba, sangraba, corría, intentaba herir al Jerez, pero las lanzas y los escudos bloqueaban el asedio jerezano. El partido era de alto voltaje, los lucentinos se crecían, los de Segovia, estoy seguro, que los veían como torres y murallas insuperables. Los lucentinos Manolo Ortiz y Alberto García, son dignos de su ciudad, pelear, emprender, no caer nunca y bajo ningún concepto. Rafa Gálvez y los dos Alejandros, Benítez y Pavón, respectivamente, estuvieron a un nivel defensivo digno de grandes gestas. El Jerez no paraba, insistía, insistía y volvía a insistir, pero no conseguía el premio de la victoria. Los palos, los aciertos defensivos y el buen papel, una vez más, de Hugo Caballero consolidaron el 0 a 0 en la primera parte. El segundo tiempo comenzó como acabó el primero, ataque, ataque y más ataque jerezano, sin descanso, sin pausa, sin aliento. Pero, el partido tenía un claro vencedor desde el principio, Antonio Jesús Cobos y hay que reconocerle al míster del Ciudad de Lucena, la inteligencia táctica para cambiar las tornas. Los cambios de Cobos cambiaron la situación del partido, Joseliyo a banda cambiada, Canty presionando con muchísima calidad y el Jerez volcado en el área del Ciudad, provocaron la jugada decisiva, el gol de Sergio García en el minuto 88 y la locura del banco lucentino.
Los tres puntos se vienen para Lucena, el ejército de Cobos cumplió con sus órdenes preestablecidas. El fútbol también es defender bien y dejar la portería a cero, así también se forjan los campeones. Lucha de titanes en Chapín, victoria de reyes para Lucena. ¡A seguir peleando, sin descanso!
Eduardo Luna
