El Ciudad de Lucena gana con fe, pundonor y buen fútbol por 2 a 1 al Sanluqueño
Las primeras sensaciones de la tarde eran algo extrañas, el cielo se iba nublando mientras el sol caía y había un ambiente un tanto nostálgico, no se si por los retazos otoñales de este casi verano improvisado o por las sensaciones de todos los que llenábamos el estadio lucentino. El Ciudad de Lucena recibía al Atlético Sanluqueño que venía de golear en casa a Las Palmas y con una etiqueta de equipo jugón, atrevido y goleador. Los onces dispuestos sobre el césped, sin novedades en ninguno de los dos equipos ante las previsiones y tras el minuto de silencio por las víctimas del accidente ferroviario de Urda, comenzaba a rodar el balón. La pareja Migue Sánchez y Juanma Porro consolidaban su participación en el once y tenían la obligación de manejar el partido para los lucentinos con un Isra Cano en media punta que iba a ser decisivo en muchas jugadas entre líneas. La primera parte fue un de tú a tú, aunque con un Ciudad de Lucena que no encontraba su sitio y no se sentía cómodo con y sin balón. Por su parte el Sanluqueño con sus tres mosqueteros en el centro del campo, Pepe Mena, Clavijo y Salguero intentaban romper los bloques de los lucentinos y volcar la balanza. Pero al finalizar la primera parte, sin goles y con una ocasión espectacular de Mercadal, que finalizó con una parada, a la altura de muy pocos porteros en esta categoría, de Hugo Caballero, nos íbamos a vestuarios con una sensación extraña, el público aún no se había sentado, no había comenzado para ellos el partido.
Sonaban los clarines y se abría la puerta de toriles, la afición calentaba sus asientos y sus ánimos y el equipo salía con sangre en los ojos, ya se habían acabado los lances, capote en mano y a torear, para hacer de este día una faena inolvidable. El Ciudad iba con su traje de luces, y en el 59, con rabia, fuerza y honor, Vargas ponía el 1 a 0 en el marcador y desataba la locura lucentina. La alegría duraría poco, con un zarpazo imparable Pepe Mena empataba el partido en el 62, sólo tres minutos después el estadio aracelitano enmudeció. Pero había que seguir con la faena, los primeros espadas iban a salir al ruedo, Cobos movía banquillo y sacaba a la arena a uno de sus revulsivos para que rematara la faena. Salió Hugo Fuentes, Canty y Joseliyo, este último con capote de grana y oro, buscaba la querencia del Sanluqueño. Silencio en la plaza, el reloj sin descanso y con la espada en mano, el malagueño se dispuso a matar y lo hizo en el minuto 89, el toro cayó abatido en el ruedo, la afición hizo vibrar los cimientos del estadio y el 11 puso el 2 a 1 definitivo en el marcador.
Los dos técnicos hablaron tras el partido, Rey dio una versión muy particular del partido, Cobos sentencio con una frase que es el símbolo de este equipo “Esto es el Ciudad de Lucena y ese vestuario es oro puro”. Oro como el capote de los primeros espadas de este Ciudad, victoria merecida y trabajada con fútbol y pasión. La afición pedía orejas y rabo y así fue, a soñar que estamos segundos. ¡¡¡Vamos Lucena!!!
Eduardo Luna


