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Domingo de corona de laurel

Esto se acaba ya. Ya no va más allá, la conquista ha finalizado, descansarán los guerreros y la corona de laurel les será impuesta ante un pueblo que a pesar de todo lo conseguido, va a exigir más y más en los próximos meses.

El domingo el campeón recogerá su copa, su merecido trofeo, su merecido ascenso a la siguiente categoría y el respeto unánime de su afición, de sus correligionarios, de las almas celestes que siguen en pie y el recuerdo inolvidable de aquellos que cruzaron al otro lado, pero que siguen ocupando su asiento en el municipal.

Corona de laurel para un equipo histórico, un grupo de hombres que quedará grabado en la historia del deporte lucentino, de la ciudad y de la historia del Ciudad de Lucena. No olvidaremos sus nombres, lo que nos hicieron vivir, sufrir y soñar con algo que ya lo tocamos con nuestras manos.

Domingo de corona de laurel para los nuestros, para todos los que han construido esta idea que debe permanecer, día a día, tarde a tarde, noche a noche, viajes en autobús, confidencias, días negros, grises, pero sobre todo claros, resplandecientes.

Hay que terminar la gesta como merece, sin dejarse atrás ningún palmo del campo, sin aliento, pero concluir esta temporada con una victoria, conseguir el objetivo de invictos en casa en esta temporada y regalarle a la gente un domingo pleno de felicidad.

El Dos Hermanas 1971 será el rival y con toda probabilidad pondrá sus armas sobre el verde para ponérselo muy difícil al Ciudad de Lucena, pero no tiene nada por lo que luchar, exceptuando la motivación de ganarle al campeón y devolver el 2 a 4 del Miguel Román.

Esto se acaba ya y ha merecido la pena, ha merecido el sufrimiento, las lágrimas en la grada, en la sala de prensa y en el vestuario. La vida es esto, vivir, sentir y dar lo mejor de nosotros para alzarnos con la victoria de la felicidad.

 

Eduardo Luna

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